Déjate ir…

El pájaro que aleteaba en mí, agoniza…
Lo he matado yo misma, con mis propias manos.
Desmembré despacio cada parte y aplasté su cabeza
Lo miro revolverse en su dolor y
aferrarse a los últimos espasmos de la vida…
inútilmente.
El pájaro no está y yo por fin,
Libre de sus vuelos, sus colores… su incesante y ensordecedora melodía
Podré encontrar la paz de estar inerte, vacía… como un cuenco abandonado…
O un cascaron seco en medio del camino solitario…

Contra corriente

Últimamente he llegado a una conclusión. Y no vayan a creer que ha sido apresurada. Llevo mucho tiempo pensándolo. Soy un salmón. Sí, como lo oyen, me gusta nadar contra la corriente, o lo he hecho siempre sin proponérmelo.

Verán, nací en el seno de una familia religiosa, en un país y una época en que profesar cualquier tipo de creencia era visto como una aberración propia de los tiempos del obscurantismo. Pero si a eso le sumas que la religión que profesaban mis padres era la de los Testigos de Jehová, la situación toma tintes apoteósicos. Para tener una idea, las actividades de los

A la Habana

Hoy he vuelto a pensar en usted señora.

Sentada aquí, en esta mugrosa acera me vienen a la mente tantas cosas. Recuerdos raros, entremezclados con polvo, sudor de axilas y rabia atragantada en la garganta.

El sol que quema me nubla el juicio y la vuelvo a ver como antaño, un poco antes de que la peste cerrara los puertos, cuando aún recibía con liviandad a sus amantes.